💫 No sé por qué a veces dejo las cosas a medio andar. Tal vez porque quiero abrazarlo todo al mismo tiempo, y se me escapa el orden entre los dedos, como agua inquieta que no espera. Me falta el silencio para sentarme a crear, y dejar que la musa me encuentre, me llene el alma de ganas, de intentarlo otra vez si algo falló, o de saborear el gozo simple de haberlo conseguido. Pero he vuelto a plegar… y aquí voy de nuevo, una vez más, con el alma abierta y las manos listas para empezar.
A veces encuentro estas piezas en Internet y las veo complicadas, difíciles de plegar. Como anticipando una catástrofe de dobleces y encastres que no podría llevar a cabo. Y allí, debajo de la imagen, un diagrama. Qué fácil es todo si se siguen las instrucciones, si todo se hace paso a paso, sin prisa y analizando cada movimiento, cada pliegue. Así debería ser para cada decisión que tomamos. Observar, analizar, resolver.
Desplegar un papel para dejar que los pensamientos fluyan en cada pliegue. Sentir la seguridad de que cada doblez es ese fluir de un pensamiento que nos abruma. Porque plegar es dejarse llevar... y dejar que la paz vuelva a ser parte de nuestra esencia. De esa esencia que se transmite en la sonrisa y en cada uno de esos pliegues desplegados. Cada lunes empezamos de nuevo. Y a veces nos recibe con una sobrecarga energética que nos agobia. Por eso en una grulla podemos encontrar el bienestar y las ganas de tener una buena semana...
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